
El trabajo en el olivar
La cosecha dura una estación. El cuidado de los olivos, todo el año. Cada intervención nace de observar las plantas, el suelo y el clima. Estas son las prácticas que acompañan nuestro trabajo.

01 · Las raíces
Una buena cosecha parte de un suelo vivo. Trituramos los restos de poda para devolver materia orgánica a la tierra y controlamos las hierbas espontáneas con labores mecánicas.
La fertilización orgánica y la atención a la estructura del suelo ayudan a nutrir los olivos. Las labores también requieren mesura: intervenir demasiado puede dañar las raíces y empobrecer la tierra.
Nutrir el suelo, respetar su equilibrio

02 · Luz y espacio
Supervisamos personalmente la poda. Abrir la copa a la luz, retirar ramas dañadas y equilibrar vegetación y producción son decisiones que tomamos árbol por árbol.
El trabajo principal se realiza después de la cosecha, durante el reposo vegetativo y antes de la floración. En verano también retiramos los rebrotes de la base, que consumen recursos necesarios para las otras ramas.
Cada árbol requiere una mirada diferente

03 · Observar antes de actuar
Proteger los olivos comienza por reconocer las señales: el estado de las hojas, la salud del fruto y la presencia de insectos. La mosca del olivo es uno de los organismos que requiere especial atención.
El seguimiento y las trampas ayudan a identificar un riesgo real. Esta observación acompaña el cultivo ecológico y permite valorar las intervenciones según las condiciones del olivar.
Controles en el campo durante toda la temporada

04 · El agua
Los olivos resisten la sequía, pero los periodos más cálidos requieren atención. El viento, la lluvia y las características del suelo cambian las necesidades de agua de una temporada a otra.
Nuestras instalaciones distribuyen el agua cerca de los árboles. La frecuencia y la cantidad siguen las condiciones del olivar: regar es apoyar al fruto y a la planta utilizando con cuidado un recurso valioso.
Las necesidades del árbol, no un calendario fijo

05 · El momento esperado
Para el aceite cosechamos en otoño, generalmente entre octubre y noviembre. La fecha exacta depende del año y de la maduración: esperar al fruto más maduro no significa conseguir el mejor aceite.
Utilizamos técnicas manuales y herramientas mecánicas, extendiendo redes bajo los árboles. Las aceitunas se trasladan a contenedores y llegan a la almazara para su molturación en un plazo de 6 horas, reduciendo la espera para preservar la calidad de la cosecha.
Del campo a la almazara, sin esperas innecesarias